La Sonata a Kreutzer, protagonista del próximo concierto de los “Recitales Exquisitos”.

Ludwig van Beethoven, a caballo entre dos siglos y dos periodos artísticos, no fue un testigo indiferente a la trayectoria que adquirió el mundo durante el último tercio del siglo XVIII. Siglo que desde su segunda mitad estuvo caracterizado por rupturas político-ideológicas que desembocaron en la Revolución Francesa, por el posterior ascenso, hegemonía y caída del imperio napoleónico, por la progresión hacia la independencia de las colonias americanas de las coronas europeas y por los primeros albores de la era industrial.

Para Beethoven, la fraternidad, la libertad y la igualdad fueron valores fundamentales. Por su generación perteneció a una época de grandes ideales universales y de apasionadas declaraciones de principios.

Desde su más temprana juventud, Beethoven ya fue consciente de que se le escapaban palabras e incluso frases completas de conversaciones. La sordera y los síntomas de su enfermedad incidieron en el carácter del compositor, cambios que fueron percibidos por coetáneos de Beethoven de la talla de Johann Wolfgang von Goethe quien escribió:

“Su talento me ha impresionado; desgraciadamente se trata de una personalidad arisca y hostil, que, aunque no se equivoca al decir que el mundo es detestable, no se esfuerza en lo más mínimo por hacerlo más habitable o llevadero, ya sea para sí o para los demás actitud que es, por otra parte, muy comprensible e incluso digna de compasión, ya que ha perdido casi por completo el sentido del oído y esto, seguramente, le lacera aún más en su naturaleza musical que en la social”.

Aún a pesar de todo, la madurez a nivel personal de Beethoven coincidió en torno a 1801 con la culminación de su fama y con la producción de varias de sus obras más emblemáticas como su Sinfonía nº3 en Mi B Mayor opus 55 “Heroica” y la pieza protagonista y motivo del presente artículo:

La Sonata para violín y piano nº 9 en La Mayor, publicada en 1802 como su opus 47, es usualmente conocida como Sonata a Kreutzer.    

La historia de esta dedicatoria puede rastrearse desde el inicio de la composición de la obra que, en principio, iba a ser dedicada al violinista George Bridgetower, virtuoso del violín el cual fue el encargado de estrenarla con el mismísimo Beethoven al piano en el Teatro Augarten el 24 de Mayo de 1803. Al término del concierto sucedió el hecho que desencadenaría la renuncia en la dedicatoria de esta obra ya que la opinión de Beethoven hacia Bridgetower cambió radicalmente. Ambos músicos se encontraban bebiendo y Bridgetower hizo un comentario poco decoroso acerca de una mujer a la cual Beethoven conocía. El gesto supuso para Beethoven una desilusión y fue el detonante para que se retractara de la elección de su dedicatoria. Obligó a Bridgetower a devolverle el manuscrito a pesar de los intentos de reconciliación de éste y pasó a llamarla Sonata “a Kreutzer” en honor a Rodolphe Kreutzer, el que en ese momento era considerado el mejor violinista del mundo, pero que, sin embargo, nunca llegó a interpretar la obra por considerarla demasiado compleja e intrincada.

 

La estructura general de la Sonata se compone de las siguientes partes o movimientos:

 1º Movimiento: Adagio sostenuto – Presto – Adagio (aproximadamente 12 minutos de duración).

 2º Movimiento: Andante con variazioni (aproximadamente 16 minutos).

3º Movimiento: Presto (aproximadamente 9 minutos).

 

Puede escucharse en su totalidad en el enlace siguiente en una grabación realizada en 1985 por David Oistrakh al violín y Lev Oborin al piano.

http://www.youtube.com/watch?v=8uPGz7NU-mk

Para una escucha guiada del primer movimiento y una comprensión más exhaustiva y análisis detallado es muy recomendable escuchar el programa dedicado a esta Sonata dentro de la sección de análisis musical “El Diván y la Cábala”, grabado por Radio Nacional de España y presentado y dirigido por Luis Ángel de Benito, profesor de Armonía y Análisis en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.

El programa está disponible en el siguiente enlace:

http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.rtve.es%2Falacarta%2Faudios%2Fprograma%2Fdivan-cabala-beethoven-sonatas-kreutzer-patetica-16-11-09%2F625333%2F&h=OAQEMl0G7

 Sonata a Kreutzer, 1901, Óleo sobre lienzo, Rene Prinet

Sonata a Kreutzer, 1901, Óleo sobre lienzo, Rene Prinet

 La magistral composición de Beethoven fue un referente a lo largo de la Historia extrapolándose su importancia e influencia a otras disciplinas artísticas como la pintura, la literatura y el cine. Los ejemplos más destacados son el primer cuarteto de cuerda del compositor checo Leoš Janáček, el cuento “Alas de Luz” de Leopoldo Alas y Ureña en el cual la Sonata a Kreutzer tiene gran protagonismo al tratarse de la obra favorita del personaje principal, la pintura de Rene Prinet violinista y pintor francés y la novela  “Sonata a Kreutzer”  de Leon Tolstoi.

Leon Tolstoi pasó de ser un reconocido escritor a un moralista radical aunque siempre a favor de lo que él entendía como la correcta evolución del hombre. Mantuvo una notable comunicación por carta con Gandhi de la que derivó una documentada influencia de los pensamientos de Tolstoi en la vida del hombre que fue considerado símbolo de la Paz Mundial.

Tolstoi expresó en esta obra su visión acerca de las relaciones humanas y arremetió contra la hipocresía de los valores burgueses. Un velo de ilusión que apenas oculta las oscuras pulsiones y la violencia subyacentes en las relaciones humanas; el rechazo de todas las pasiones y, en particular de la pasión carnal, que lleva a la infelicidad y a la insatisfacción.

Lo importante de esta obra es la  introspección que realiza el personaje mediante la narración de su vida de soltero depravado (idéntica, según él, a la de la mayoría de los jóvenes); su precipitado matrimonio con una joven de apariencia inocente; y sobre todo la decadencia de este matrimonio por culpa de la rutina, el resentimiento y los celos, que conduce finalmente al crimen. Éste halla su expresión simbólica en los primeros acordes de la Sonata a Kreutzer los cuales desatan un torbellino de fuerzas capaces de transformar el alma del que escucha actuando la música como el arma del asesino; rasgando el velo de las apariencias y abriendo una grieta por la que irrumpen energías imposibles de controlar.

Tolstoi escogió la Sonata a Kreutzer como música de su novela para exaltar el auge y decadencia del amor hasta sus últimas consecuencias. Mediante la experimentación de las notas musicales y la prosa de estos dos gigantes podemos ver y sentir dos sonatas de amor que se van diluyendo, disolviendo… hasta extinguirse.

 

Patricia de Andrés

                                       

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